DORADA FLOR

En algún punto, monte adentro, Santiago del Estero:
Fueron segundos, y estos bastaron para fijarse a mí el resto de la vida. Seis segundos que comenzaron cuando noté, mientras iniciaba su marcha el colectivo, que aquél hombre miraba entristecido hacia afuera. Cuando giré el rostro, ella ya estaba distante, cubierta de polvo, cubierta de sol, centellante en su aura ámbar reclamaba ya no el amor de él, sino el amor como un ente, como un todo.